Posts Tagged ‘cine y arquitectura’

Cine y espacio público (III)_”El presidente” (Shear, 1968)

10/03/2017

El presidente (Wild in the Streets), dirigida por Barry Shear, se estrenó en el convulso mayo del 68. Pertenece a un grupo de películas que incidirán en el nuevo poder de una juventud incomprendida: Infierno en Sunset Street (Riot on Sunset Street), Dreyfuss, 1967; Privilegio (Privilege), Watkins, 1967; I love you, Alice B. Toklas, Averback, 1968; El restaurante de Alicia (Alice’s Restaurant), Penn, 1969; Performance, Roeg, 1970 o Juventud sin esperanza (Taking Off), Forman, 1971.

Max Frost, presidente

En  plena campaña electoral, un ambicioso político con aspiraciones a la presidencia de los Estados Unidos, decide incluir en sus mítines a un mediático grupo de rock para captar el voto joven. Una de las promesas de su campaña electoral, consciente del poder incipiente de la juventud,  consiste en rebajar la edad de voto a los 18 años. Es aquí cuando comienzan los problemas, ya que Max Frost, el líder del grupo musical, irrumpe en escena solicitando una inesperada rebaja de edad de voto a los 14 años. Como medida de presión, este mensaje lo lanza acompañado de un llamamiento a ocupar las calles por parte de la juventud, que en ese momento dispone de una mayoría silenciosa.

Reapropiación del espacio público

La movilización de la juventud

El espacio urbano de Los Ángeles, y en especial Sunset Boulevard, empieza a ser tomado por millares de jóvenes que acuden a la convocatoria, desencadenando una reconquista expansiva de las calles que va sucediendo a lo largo de todo el país. El despertar de la juventud representa un fenómeno irruptivo, “un arma escondida” afirma uno de los jóvenes, mientras que uno de los personajes reaccionarios afirma: “Lástima que la juventud se haya convertido en una enfermedad.  Un virus extraño del que ni ustedes mismos podrán curarse”. Ya nada volverá a ser como antes.

Congreso de los diputados (hippies)

 

A partir de aquí, y en un proceso que a la vieja política se le escapa de las manos, el líder del grupo alcanza la presidencia de los Estados Unidos. Con él, se inicia una serie de sorprendentes propuestas (jubilación a los mayores de 25 años, eliminación de la policía, retirada del ejército, reparto de excedentes alimentarios, etc).  Seguramente el elemento más potente es la supresión del mundo adulto de la escena (no sólo política). A este fin, se crean unos centros de internamiento (formalmente muy similares a los campos de concentración) en el que los adultos son recluidos y tratados con dosis diarias de LSD, subsumiéndolos en un estado de felicidad inducida. Las sustancias psicotrópicas, entendidas como un acceso a un nuevo tipo de conciencia por Huxley o Roszack, tendrán una presencia omnipresente en todos los ámbitos de la sociedad (incluidos los congresistas). El LSD, rock y libertad serán elementos vertebradores del nuevo modelo social. En ese transcurrir del tiempo, deviene la pregunta inevitable: ¿Qué sucederá cuando el líder se aproxime a los 25 años? ¿Será la crónica de una muerte anunciada?

Suministro de las dosis diarias de LSD

 

La película en su momento generó incomprensión derivada de diversas situaciones delirantes puestas en escena, pero que eran sin duda reflejo de las obsesiones de la juventud de finales de los sesenta. No obstante, diversos aspectos se pueden rescatar resultando de una asombrosa actualidad. El empoderamiento de la juventud, la reconquista reivindicativa de las calles, el cuestionamiento de los partidos clásicos y la resistencia de éstos últimos para desaparecer de la escena política, la aparición de protagonistas inéditos en las instituciones públicas o el adormecimiento de parte de la sociedad son elementos que se plantearon en una historia de ficción a la que la realidad, como es habitual, ha tratado de imitar.

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Cine y espacio público (II)_Consumo y control en el espacio público_”Están vivos” (Carpenter, 1988)

31/12/2016

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La pesadilla de una sociedad sumisa y controlada a través de los perversos mecanismos de la publicidad . Esa es la distopía que plantea John Carpenter en “Están vivos”. El director ya nos había mostrado la cara amarga de las grandes ciudades a finales de los años setenta.  La violencia y la incomunicación en Asalto a la comisaría del Distrito 13 (1976),  el acoso, el vouyerismo y la violencia psicológica en el escenario de un opresivo rascacielos en Alguien me está espiando (1978) o la visión de la metrópoli como una gran cárcel amurallada en  1997: Rescate en Nueva York (1981). En esta ocasión, y en el contexto de una película de ciencia-ficción, Carpenter dirige de  nuevo una crítica despiadada a la sociedad de consumo en el que ningún elemento resulta gratuito.

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Bajo el pretexto de unas gafas que permiten desnudar la realidad cotidiana, nos muestra una ciudad que va saturando el espacio público mediante imposiciones camufladas. Aparece una ciudad textual y perversa,  repleta de mensajes cifrados en el que los edificios han pasado a ser un mero soporte publicitario. Nada es lo que parece, nada es casual. Todo responde a una disposición precisa y calculada para impactar en el inconsciente y construir un imaginario del deseo. El espacio público, un espacio refinadamente disciplinario, de ese modo deja de ser un lugar de libertad para ser un espacio de control, aleccionamiento  y disciplina. Deja de ser un lugar de lo real para proponer un escenario para la ficción y el simulacro, en el que nada es lo que parece. Y esa virtualidad, sin embargo, resulta dolorosamente contemporánea.

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